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Palabras que curan

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Autor: M. Mercè Conangla / Jaume Soler

Palabras que curan

Miquel Martí i Pol nos dice en uno de sus poemas que lo que está claro en las palabras, está claro en la vida. Las palabras son poderosas porque pueden ser fuente de crecimiento y consuelo, o de sufrimiento y bloqueo. Por este motivo, conviene utilizarlas bien y no hablar por hablar y sin pensar. Se trata de que lo que digamos tenga su raíz en el silencio, en el pensamiento reflexivo y en el corazón. Tan solo así la comunicación cumplirá su finalidad: abrir puertas y ventanas a la experiencia y a la vida. De ese modo podremos conocernos a nosotros mismos y reconocer a los demás. 

No es fácil comunicarse bien, con claridad y sencillez. Podemos decir: «No quiero comunicarme de forma violenta», o bien: «Quiero comunicarme de forma pacífica». Es preferible la segunda expresión porque está definida claramente en positivo, el cerebro la entiende mejor y por ello nos podrá mover a la acción. No es lo mismo decirle a un hijo: «¡Eres un egoísta!», que decirle: «Esa conducta ha sido poco generosa»; o aún mejor: «Te pido que seas generoso». En el primer caso, generalizamos una conducta a toda la persona, lo que es agresivo e injusto. En el segundo, cambiamos la palabra egoísta por la que define una conducta que consideramos mejor: generosa. Aun así nos erigimos en jueces de la conducta ajena. La última expresión no juzga e indica claramente lo que esperamos del otro.

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